Interview with Albertina Saseta

By Carlos Infantes,
Barcelona, April 20th 2008

Carlos Infantes:
Nos conocemos desde los tiempos de la Escuela. Aquel era un periodo convulso en lo académico, sumido un proceso de reforma de los planes de estudio y en medio de un salto generacional en las estructuras de poder de propia escuela y de la administración pública que, tengo la sensación, terminó por darnos un revolcón por el barro de cuestiones que después han resultado ciertamente intrascendentes. Yo te recuerdo como una activista muy beligerante, comprometida con el proceso de renovación. Recuerdo que tenías un alto grado de implicación ideológica y te sentías particularmente vinculada de forma personal con un grupo bien definido de estudiantes y profesores con los que compartíamos una manera de entender el mundo. Después, tú y Pedro os mudasteis a Barcelona. Curiosamente tu empezaste a trabajar con Carme Pinós mientras él lo hacía con Enric Miralles. Finalmente montasteis vuestra propia oficina, y de forma repentina os visteis envueltos en un proyecto inmenso que os sacó digamos de una trayectoria común con aquel grupo inicial de la escuela. Ahora lleváis varios años viviendo en la República Dominicana, donde estáis construyendo una torre emblemática. ¿Cómo ves ahora con la distancia a ese grupo, si es que todavía existe como tal, y como te ves en relación a él?

Albertina Saseta:
Si cuando yo estaba en la escuela alguien me hubiese dicho que estaría ahora en la Republica Dominicana me habría parecido increíble. Es cierto que durante todo este tiempo que hemos estado construyendo esta torre yo he tenido conflictos ideológicos, porque me decía: Estoy en un país donde la mayor parte de la población se está muriendo de hambre mientras que yo estoy haciendo una torre de viviendas para la élite con más de 450 m2 por unidad. Esto me ha hecho pensar que si eres arquitecto o bien te metes en una ONG, o si quieres hacer arquitectura tienes que asumir el hecho de colaborar con los propietarios del dinero. Yo creo que como arquitecto o te dedicas a esto o no te dedicas. Por otro lado la estancia en El Caribe nos ha dado  la oportunidad de dar clases en la universidad.

Tú me hablas de la idea de grupo, pero yo no puedo llegar hablar por el grupo.

Yo en realidad te preguntaba si esta transformación que en cierta manera tu has sufrido, fruto de los condicionantes y el roce con un mercado altamente agresivo en un entorno que es diferente al que nos rodeaba en el proceso de formación, está ocurriendo también de alguna manera al resto de los miembros de ese grupo conforme se enfrentan a su realidad profesional, ¿o crees por el contrario que esa carga ideológica todavía esta pegada al cuerpo como un plumaje tierno?

Yo creo que aún la tenemos bien pegada. Hace poco tuve una discusión tensa con tres cabezas visibles de mi generación y que aún mantienen una gran influencia sobre ella. Yo creo que fue un momento inadecuado, era de noche y estábamos bebiendo, y ellos me atacaron mucho por que estaba haciendo viviendas de lujo. En ese momento me sentí mal, pero cuando lo pensé me di cuenta que todos estábamos haciendo lo mismo, y que ellos estaban también vendiendo su producto, en revistas, a través de becas de grandes universidades elitistas, y otros mecanismos alternativos. Yo he llegado a la conclusión que como arquitectos, la posición ideológica tiene que ver con como te enfrentas a la arquitectura, y no tanto con lo que haces o que dejas de hacer. Al final se trata de ser honesto, honrado y coherente a la hora de hacer un proyecto.

Cuando estaba preparando el esquema de estas preguntas, me acordaba de tu fin de carrera y de la vinculación tan emocional que establecías con la obra. Pedro siempre decía aquello de que tú tenías una aproximación excesivamente biográfica al proyecto. A mi me da la sensación de que a pesar de que tu aventura caribeña no te haya sido precisamente grata, te ha hecho madurar, sin querer darle a esta palabra una connotación especialmente positiva, en el sentido de que te has distanciado personalmente del proyecto y al mismo tiempo has adquirido una conciencia más profesional. ¿Cómo crees que realmente te ha afectado esta experiencia a la hora de proyectar?

Si quieres que te diga la verdad, me siento ahora menos arquitecta de lo que me sentía antes. A mi me parece obsceno que se construyan las cosas que uno diseña (risas)… Piensas algo y dentro de cuatro o cinco años se construye y todo el mundo lo ve. Me siento exhibida, además cuando ya ni siquiera te reconoces en esas ideas. Yo creo que me he distanciado mucho de la arquitectura. Tal vez sea menos autobiográfica porque me sienta menos arquitecta. Siento menos vocación. Yo creo que ahora debería cambiar de profesión.

¿Quieres decir que te sientes más cómoda en el mundo de las ideas?

Me gusta más. Por eso me he puesto a hacer el doctorado y he vuelto por el lado teórico y me estoy muy enfocada en la docencia. Realmente yo no se que pasará pero no siento la ambición de construir muchas más torres ni mucha mas arquitectura. No es por ahí por donde me gustaría ir. Pero esto es una cosa completamente personal.

Durante mucho tiempo he visto la torre gordita y fea, pero ahora que está terminándose empiezo a sentir una pequeña satisfacción, pero es más que nada porque hemos dedicado muchos esfuerzos y hemos estado no se cuantos años. Pero no es una satisfacción arquitectónica sino que es más como ordenar una estantería, el trabajo ha dado sus frutos…

¿Y no crees que esta sensación pueda deberse a la presión derivada de la responsabilidad de construir algo así, y que conforme se van superando los momentos críticos y se va desvaneciendo esta presión, sea posible volverse a sentirse vinculada al proyecto? ¿Qué tal vez superada la barrera del terror, dejarás de verla gorda y fea para verla en sus justos términos?

Recuerdas que la propuesta tenía dos torres, Torre Norte y Torre Sur. Torre Norte tuvo un proceso mucho más largo y quedó mucho más atada. Para mi es la que debería haberse construido, pero al proceso de Torre Sur le faltaban cuatro vueltas. De repente se para el proceso y el promotor decide construir esa. Entonces yo, que soy muy maniática, muy neurótica, y muy perfeccionista, me he llevado todo el tiempo pensando en todos los defectos que tenía aún el proyecto. Y que se construyese algo defectuoso, pues me resultaba demasiado traumático. Lo mismo me pasa con la casita de Segovia. Quizás no tengo tantos problemas porque es más pequeña y solo lo va a utilizar una familia, y además es un cliente muy complicado, pero me da no se que… es como enseñar tu alma, y tus malas pasiones, y todas tus carencias y sus defectos… (risas)

Ya veo que realmente no has terminado de desprenderte de esa relación pasionalmente autobiográfica con la obra.

No puedo evitarlo… (risas)

Quería también preguntarte sobre tu planteamiento docente. Yo muchas veces me pongo a rebuscar en mis memorias de estudiante para intentar comprender como es posible que mis alumnos tengan tan poca espina dorsal. Me desquicia ver lo que tienen la sangre tan “horchatada”. En fin, mirando para atrás me parece que aquella escuela era tremendamente ingenua (me refiero a los alumnos y a los profesores), y me parece que a lo largo de la carrera apenas nos acercamos a los temas que luego han resultado esenciales tanto en el ámbito teórico como en el práctico. ¿Cómo ves ahora a tus alumnos y qué crees que es necesario poner encima de la mesa a la hora de enseñar arquitectura hoy?

Es una pregunta complicada. Yo estoy dando clase en una universidad privada donde tratan a los alumnos de forma infantil. Yo intento hacerles consciente de las responsabilidades, intento que se auto-critiquen, que se auto-evalúen, que asuman la responsabilidad de sus propios proyectos. No se como debería ser un plan de estudios de arquitectura, pero habría que potenciar eso, formarlos de forma constructivista, sacando a la luz lo que tienen de bueno y dejando que ellos le den forma y se construyan. Que se den cuenta de que son ellos los que tienen la capacidad de decidir su futuro.

¿No Tienes la sensación de que desde que estábamos en su lugar la disciplina se ha transformado sustancialmente, y que la dinámica de cambio es vertiginosa, tanto en los procesos de diseño como en los productivos? ¿Cómo crees que hoy las escuelas tienen que afrontar estos cambios?

Entiendo tu pregunta pero tiene una respuesta difícil. Tienes que entender que la profesión en el caribe es muy distinta a la de aquí. Tú das clase en una escuela que prepara a un alto porcentaje de alumnos para trabajar para otros, mientras que en nuestra escuela es justo lo contrario. La mayoría de los alumnos estarán en el plazo de un año de graduarse construyendo una torre o tendrán un encargo sustancial. El marco es distinto. A nosotros por ejemplo nos educaron sobre la base de proyectos irreales, aquel famoso “terrain vague” con programas y límites indefinidos. Yo creo que hubiese sido mejor enfocarnos hacia problemas más reales, tal vez más pequeños…

¿Como te imaginabas hace diez años y cómo te imaginas en el futuro?

Yo cuando estaba en la escuela siempre pensé que terminaría trabajando para una gran oficina de arquitectura en alguna parte del mundo. No se si con esta edad, no pensaba tan lejos (risas).

En cuanto al futuro, cuando pienso en volver a Barcelona y pienso que quizás no vamos a tener trabajo, me imagino pidiendo una beca y dedicándome a la investigación, y hacer algunos trabajos que salgan, pero no dedicarme a buscar encargos. En este momento no me veo. Yo creo que es porque no tengo esa ambición, y sobre todo es porque yo no se llevar el mundo del promotor. Yo no me quiero preocupar por el dinero de otro. A no ser que haya alguien al lado mía que sea capaz de hacer esto, yo no tengo ni la diplomacia, ni la sangre fría de hacerlo. Yo soy una persona que se concentra delante del ordenador, pero no soy una persona de e-mail y teléfono.

Si me preguntas como veo la profesión dentro de 10 años, te diré que creo que existen 6 posibilidades:

1, el teléfono, el mail y las relaciones públicas en busca de encargo, y por supuesto tienes que ser de una buena familia o tener una posición social que te lleve a ese mundo

2, trabajar en un estudio 10 horas diarias y ganar más o menos dinero según tu experiencia

3, meterte en el mundo de los concurso y desarrollar un sistema que te permita vivir de ello.

4, dedicarse a la escuela y a la investigación

5, meterse en una súper-corporación internacional tipo SOM y hacer carrera

…y 6, el suicidio (risas)…Yo siempre he querido ser peluquera por ejemplo… (más risas)


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